El consumo del café se remonta por lo menos al siglo IX de nuestra era; en la antigua Abisinia, hoy Etiopía, se cuenta que un pastor advirtió que sus cabras, tenían mayor energía tras comer el fruto de los arbustos del cafeto y decidió probarlo. Como bebida se popularizó entre los pueblos árabes que lo llamaron qahwah, palabra que derivó en el turco kahve y, posteriormente, en el italiano caffe.
La propagación del café tuvo un fuerte impulso entre los siglos XV y XVI, al grado que se impidió llevar los granos “vivos” fuera de la península de Arabia, a menos que ya hubiesen sido tostados o pasados por agua hirviendo, para evitar que germinaran y con ello evitar la expansión del cultivo.

